miércoles, 12 de mayo de 2010

Hortalizas gratuitas

Odisea 2001. Siempre me ha llamado la atención el salto en el tiempo que había desde la escena de Stanley Kubrick en la que el hueso sale volando y se enlaza con la era especial: el mayor salto cinematográfico de la historia. Y es que, con el tiempo, todo cambia o se adapta.
Hace unos días comentábamos, con unos colegas, el cambio que ha sufrido la sociedad juvenil en referencia a la adquisición y asimilación de conocimientos: el papel de la memoria. Hace un tiempo (no prehistórico) los alumnos aprendían ejercitando la memoria. Eso requería atención, repetición, esfuerzo, tranquilidad, silencio, constancia, etc. ¿Es eso posible hoy?
Los que nos sumergimos diariamente en su mundo nos damos cuenta que, hoy en día, necesitan que se les repitan las cosas ochenta veces. En su vocabulario abundan expresiones cómo: ¿qué?, ¿cómo dices?, ¿puedes repetir?, ¿qué página?, ¿qué ejercicio?, ¿qué has dicho, mamá? Una de las causas principales es la falta de atención que prestan a lo que se les dice. Todos aquellos hábitos que recordábamos que trabajábamos con el uso de la memoria parecen haber desaparecido.
Hoy en día son gobernados por una memoria corta e inmediata. Tienen una gran capacidad para almacenar información pero no la usan. El motivo es evidente: ¿Por qué tener que almacenar información cuando lo tengo todo a mi alcance? Mis padres y profesores me repiten las cosas cuando se lo pido, cuando deseo algo me lo dan, cuando necesito información la encuentro en internet en unos segundos,... ¿Para qué almacenar y esforzarme en ello cuando lo tengo todo a mi alrededor?
Yo no iría al mercado cada día si tuviera un huerto de hortalizas gratuitas delante de casa.


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