
Será el carácter, serán los genes, será la disciplina... hay hijos más fáciles de llevar que otros. Los padres lo sabemos perfectamente: no hay dos hijos iguales.
Cuando se reunen un grupo de padres e hijos, es inevitable que unos se fijen en los de los otros para comprobar que las actuaciones de sus propios hijos son las mismas que la de los demás. -¿Discuten, contestan, gritan como mis hijos?
Pero el análisis de la situación no termina ahí. A continuación, viene el juicio y la interpretación de los hechos. Empezamos a deducir la forma que tienen sus padres de actuar, lo que deberían haberle enseñado, lo que no deberían haberle permitido...
Siempre es más fácil educar a los hijos de los demás que a los propios. Y además, recuerda que el mérito está en el esfuerzo que pongamos para sacar adelante a aquel hijo que tenemos con unas características más complejas que aquel otro.
Todos seríamos capaces de educar a un “buen” (permitidme el uso de este adjetivo) niño... pero sólo los auténticos educadores serán capaces de conseguir educar al otro más rebelde.


