sábado 29 de mayo de 2010

Me lo cambio

¡Cuánto tenemos que aprender de las personas que viven en y por el campo! Su ritmo de vida, el contacto con la naturaleza, el esfuerzo... Un montón de cualidades que han desaparecido en la selva urbana en la que estamos inmersos. Hoy, sin embargo, quería fijarme en la costumbre que tienen de guardarlo todo. No tiran nada. Y es que, como dicen, nunca sabes qué podrás, en el futuro, hacer con él. También es cierto que tienen muchísimo más espacio que nosotros (nosotros usamos metros cuadrados cuando ellos hablan de hectáreas) pero ¿Cada cuánto jubilamos nuestros enseres?

Nuestra ropa, móviles, coches... ¿Están realmente inutilizables cuando nos deshacemos de ellos?

El campesino, con los restos de una cama metálica se hace una comedera para animales. Con una puerta, una jaula para aves.

Todos deberíamos vivir uno año de nuestra vida junto a ellos, para aprender y valorar esas grandes lecciones que nos ofrecen.



sábado 22 de mayo de 2010

¿Cuál es tu equipo?

Cojamos al mejor equipo deportivo, al ganador de un “Oscar”, al mejor cocinero... todos tienen algo en común: ninguno de sus éxitos habría sido posible sin la colaboración de un buen equipo.

En la vida, las individualidades no te llevan a ninguna parte; o mejor dicho, al fracaso.

Profesionalmente nos rodeamos de personas competentes, profesionales... Elegimos unos amigos que nos ayudan a ser mejor persona. Nos casamos, un día, con aquella persona con la que queríamos compartir nuestra vida.

¿Te has parado alguna vez a pensar en todos ellos? ¿Con sus nombres y apellidos? Recuerda los tres ámbitos: profesional, amistad y familiar. Ahora, según tus prioridades, ordénalos y analiza el tiempo que les dedicas y la forma como los cuidas.

No estamos solos y debemos agradecer a los que nos rodean el simple hecho de estar allí. Sin ellos no lograremos jamás el éxito.



miércoles 12 de mayo de 2010

Hortalizas gratuitas

Odisea 2001. Siempre me ha llamado la atención el salto en el tiempo que había desde la escena de Stanley Kubrick en la que el hueso sale volando y se enlaza con la era especial: el mayor salto cinematográfico de la historia. Y es que, con el tiempo, todo cambia o se adapta.
Hace unos días comentábamos, con unos colegas, el cambio que ha sufrido la sociedad juvenil en referencia a la adquisición y asimilación de conocimientos: el papel de la memoria. Hace un tiempo (no prehistórico) los alumnos aprendían ejercitando la memoria. Eso requería atención, repetición, esfuerzo, tranquilidad, silencio, constancia, etc. ¿Es eso posible hoy?
Los que nos sumergimos diariamente en su mundo nos damos cuenta que, hoy en día, necesitan que se les repitan las cosas ochenta veces. En su vocabulario abundan expresiones cómo: ¿qué?, ¿cómo dices?, ¿puedes repetir?, ¿qué página?, ¿qué ejercicio?, ¿qué has dicho, mamá? Una de las causas principales es la falta de atención que prestan a lo que se les dice. Todos aquellos hábitos que recordábamos que trabajábamos con el uso de la memoria parecen haber desaparecido.
Hoy en día son gobernados por una memoria corta e inmediata. Tienen una gran capacidad para almacenar información pero no la usan. El motivo es evidente: ¿Por qué tener que almacenar información cuando lo tengo todo a mi alcance? Mis padres y profesores me repiten las cosas cuando se lo pido, cuando deseo algo me lo dan, cuando necesito información la encuentro en internet en unos segundos,... ¿Para qué almacenar y esforzarme en ello cuando lo tengo todo a mi alrededor?
Yo no iría al mercado cada día si tuviera un huerto de hortalizas gratuitas delante de casa.


sábado 8 de mayo de 2010

¿Y tú qué quieres ser?

Patético y ridículo. Hace unos días, mi hijo de 10 años fue al peluquero al que acostumbra a ir siempre: el que está más cerca de casa. La peluquera, una mujer de unos cincuenta, en un querer hacerse la progre y enrollada, le preguntó: ¿Y tú, qué querrás ser: niño o niña? ¡Tal cual! Mi mujer se quedó helada y cortó a esa hippy al instante.

Me enteré, al día siguiente, del estilo de conversación que mantuvo esa señora con mi hijo porqué, el pobre, no entendía a qué venía esa pregunta.

No voy a dedicar ni un minuto a opinar sobre lo patético de la pregunta. Lo que me parece realmente irrespetuoso, intolerable y denunciable es la desfachatez con la que, una cualquiera, pregunta a un menor sobre su identidad sexual.

Lo único divertido del tema fue la mirada de asombro de mi hijo, queriendo decir: ¡de qué planeta viene esta señora!

Los hijos están en contacto directo con infinidad de opiniones y tendencias y no siempre estaremos allí para aclarar las tonterías que otros dicen. ¿Sabremos educarles y ayudarles a formar su propia personalidad? Sólo así conseguirán tener criterio propio para detener las estupideces que puedan plantearles.

Por supuesto, antes llevará el pelo hasta el tobillo que volver a pisar la peluquería "Metode A" de Girona.